La Semana Santa y cómo salvar el mundo sin comer carne

En Semana Santa, según la religión católica cristiana, se hace ayuno de carne cierto día porque se asocia a los banquetes de celebraciones y al cuerpo crucificado de Cristo. Este gesto, tan extendido en nuestra comarca, no suele convertirse en una penitencia porque existen platos alternativos como el potaje de garbanzos (incluso en su opción vegana), las rosquillas o las famosas torrijas.

¿Qué tendrá que ver el aumento del consumo de carne con que llevemos más de un año sin vernos las caras sin mascarilla? A priori, parecen dos hechos totalmente aislados, pero todo tiene su explicación lógica. Cada una de de nuestras acciones repercute en el entorno y eso es algo que ya deberíamos haber aprendido como sociedad. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, publicó un estudio en 2017 en el que se arrojaron datos como los que se pueden ver en la imagen. El consumo de carne en España había pasado de poco más de 50gr. en 1961 a más de 250gr. en 2013. Aunque nuestro país destaque en la tabla, la tónica general es un incremento nada desdeñable.

¿Pero qué pasa por comer más carne?

Al consumir un mayor aporte proteico que proviene de animales, la ley de la oferta y la demanda hace su aparición. Cuanto mayor es la cantidad que pide la sociedad, mayor es la cantidad que tienen que producir los/as ganaderos/as para satisfacernos. Es por ello que cambia el modelo de producción de carne del tradicional en granjas al industrial de empresas multinacionales y macro-granjas, lo que afecta al consumo excesivo de recursos con daños enormes a los ecosistemas y la biodiversidad. Se reducen las calidades en las que crían a los animales y se produce una mayor huella ecológica, lo que se traduce en mayor gasto energético, mayor gasto de agua, más gases de efecto invernadero, etc…. Por ejemplo, se utilizan 2.400 litros para generar tan sólo una hamburguesa. ¿No te parece increíble?

¿Pero qué tiene que ver todo esto con el coronavirus?

Este sistema de empresas multinacionales y la huella ecológica que deja a su paso provoca, entre otros deterioros, deforestación. Nuestro actual sistema de producción y de consumo está rozando el límite físico que el planeta puede ofrecernos de manera natural. Pero, te estarás preguntando qué tiene que ver el consumo de animales con que se talen bosques. Esto es por la necesidad de grandes espacios sin biodiversidad que se reconvierten en plantaciones de monocultivos de soja o aceite de palma, destinados, entre otros, a la alimentación de la ganadería en macrogranjas. De hecho, en Latinoamérica este tipo de producción ha aumentado un 300% entre 1993 y 2013, según el estudio Soy Barometer 2014 y doblará su cifra antes de 2050, según los últimos estudio de la FAO. María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, ya ha hecho declaraciones en las que explica cómo el 70% de los brotes epidémicos que conocemos, como los virus del ébola, el SARS o el VIH, entre otros, son de origen zoonótico y han saltado de los animales al ser humano tras la destrucción masiva de selvas y bosques tropicales.

¿Y qué es un virus de origen zoonótico?

La especie humana sigue jugando a ser dueña y señora de todo lo que les rodea (también de la fauna, origen de la enfermedad que ha parado el mundo durante más de un año). Tanto es así, que se crían animales en cautividad de manera masiva con fines, incluso, cinegéticos. La gripe aviar o la gripe porcina provienen de animales que habían visto debilitados sus sistemas inmunológicos debido a las condiciones de vida en las que se hacinan en espacios reducidos y, en muchos casos, sin la salubridad conveniente, dando lugar al tipo de patógenos originarios. En 2019, lo que ocurrió en el mercado de Wuhan no fue más que otro caso en el que, al igual que con la cría de visones americanos, se origina un reservorio de esos virus que saltarán al ser humano en cualquier momento. Actualmente, se calcula que hay 1,7 millones de virus de origen zoonótico que aún no han sido descubiertos. Para asegurarnos de que estas enfermedades no salgan del reino animal, es importante que cuidemos de que la diversidad sea uno de los bienes más preciados en él, de forma que la convirtamos en la mejor vacuna y prevención. Para ello, es necesario frenar el desastre natural que estamos creando y procurar espacios cuidados, evitando la crianza estabulada de animales.

Por todo esto, si quieres ser un buen cristiano, no comas carne en Semana Santa; pero, si quieres ser un buen humano, reduce su consumo el resto de días del año y evita así futuras pandemias.

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