Arde Bogotá y Veintiuno, broche de oro para Las Noches de La Sagra

Organizar un ciclo de conciertos al que han acudido 300 personas cada noche y, además, colgar el cartel de “completo” cada día es muy difícil. Hacerlo mientras una pandemia zarandea toda la sociedad que conocíamos hasta ahora es una proeza. Amaral, Mr. Kilombo, Guiu Cortés (El niño de la hipoteca), Jack Bisonte, Siloé, La habitación roja, Glotón, Arde Bogotá y Veintiuno. El cartel (en el que inicialmente también estaba Ginebras) no ha podido ser más completo, original, novedoso y para todos los gustos.

Pero todo llega a su fin y este ciclo de conciertos Las Noches de La Sagra no iba a ser menos, aunque promete volver en 2022. Estamos cruzando los dedos para que no sean necesarias las restricciones y podamos saltar y gritar sin mascarillas mediante. Así es como nos hubiera gustado estar el pasado sábado, cuando los grupos de Arde Bogotá y Veintiuno subieron al escenario del patio del Museo Casa de Cervantes en Esquivias. Sin embargo, las 300 personas allí reunidas nos mantuvimos en un riguroso orden y cumpliendo exquisitamente la normativa impuesta.

Fotos: Macu Mota

El concierto comenzaba un tiempo después de la hora que aparecía en el cartel, lo que sirvió para que los ánimos del público no hicieran más que aumentar. En el momento en el que Arde Bogotá saltó al escenario comenzó la fiesta de una de las mejores actuaciones de este año, según ellos mismos. Incluso, teniendo en cuenta que el día anterior habían presenciado una pedida de mano en directo. Los cartageneros (de Cartagena, Murcia, que el nombre del grupo puede dar lugar a dudas y confundir su origen con Cartagena de Indias) han entrado con fuerza en la escena indie del país gracias a la originalidad de sus letras, a la personalidad de la voz principal, a los sonidos electrizantes y, como pudimos comprobar de primera mano, a una puesta en escena vibrante. Tras el concierto pudimos hablar con ellos para hacerles algunas preguntas y nos cercioramos así de que en el tú a tú destilan generosidad y simpatía, algo que ya se intuyó durante el propio show cuando Antonio, el cantante, se acordó de su tierra e hizo referencia al desastre ecológico del Mar Menor o cuando ofreció sus canciones al público diciendo: “esto es más vuestro que nuestro y lo que entendáis en ellas, bien entendido estará”. Sin duda, un descubrimiento en la zona de Toledo, donde era la primera vez que tocaban.

Fotos: Macu Mota

No ocurría lo mismo con los segundos que subieron al escenario. “Somos Veintiuno y somos un grupito de Toledo”. Así presentaba Diego, el vocalista, a esta banda de la zona que ya se ha consagrado en el panorama nacional. Desde luego, no son un “grupito”, llevan muchos años trabajando para llegar al sitio en el que están. Sus ritmos pegadizos (en los que se puede entrever pop, funk e, incluso, blues, entre otros) ya se escuchan en todos sitios. Sin duda, han sabido sortear la marea de la pandemia, que con tanta cultura ha arrasado, y han convertido este año en “su año” con la salida de su último disco, Corazonada, que llegó el sábado del concierto a 6.000.000 de escuchas en Spotify. Todo esto, en las plataformas digitales, pero aquí hemos venido a hablar de lo que se coció en el pueblo sagreño. El directo de Veintiuno es arrollador, si pestañeas un segundo perderás a Diego de vista ¡porque no para!, la energía durante el concierto sube hasta cotas altísimas y baja a lo más intimista en los temas en los que el piano aparece. Los/as espectadores/as sabían que iban a disfrutar y así lo hicieron demostrando entusiasmo, incluso, en la espera del “bis”, cuando el público coreó espontáneamente alguna de las canciones. Tras el concierto de Esquivias, el grupo toledano, regresaba a casa a descansar unos días tras una intensa gira por todo el país, ¡y lo que aún les queda por delante! Ojalá Parasiempre.

Para resumir la noche, bien podríamos utilizar este trozo de Dopamina, la, por ahora, canción más escuchada de Veintiuno con más de 7.000.000 de reproducciones: “Es un instante, sólo apenas te ha rozado. Ha regresado aquel olor a dopamina”. La felicidad es escuchar música en directo, en una noche de verano, aún sin poder moverte de tu silla de plástico, en el patio en el que algún día paseó Cervantes y con una cerveza fresquita en la mano, una sonrisa gigante bajo la mascarilla y un noséqué que no para de vibrar en el corazón. Y a los haters… ¿os decimos nuestra opinión sobre los haters? Pues eso. No más palabras, mi señoría. Viva la música y vivan las iniciativas culturales que traen movimiento a nuestra comarca.

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