Haced el favor de llamarme BRUJA

La palabra “bruja” ha salido en el Congreso de los Diputados a modo de insulto, de nuevo, por boca de un hombre para dirigirse a una mujer y ¡basta ya!

Curiosamente, seguro que él no lo sabe, pero la palabra “bruja”, “witch” en inglés, proviene de “wise woman”, “mujer sabia” en castellano.

Históricamente las brujas eran aquellas mujeres que, pasando sus conocimientos de madres a hijas, hacían la función de comadronas ayudando en el trabajo de parto y en la prevención de embarazos no deseados. Tenían también conocimientos sobre remedios naturales que prevenían o mejoraban la sintomatología de algunas enfermedades. Su conexión con la tierra y el conocimiento de los ciclos lunares, les permitían ser autosuficientes y consejeras sobre cultivos y cuidado de los animales tanto propios como ajenos. Este trabajo se pagaba, con lo cual eran mujeres independientes e inteligentes y eso era atrayente. Las personas iban a buscarlas para pedirles consejo, confiaban en ellas porque mejoraban su calidad de vida.

Estas mujeres almacenaban conocimiento en diferentes disciplinas, en un momento donde el acceso al estudio o la cultura estaba estrictamente repartido entre hombres de la Iglesia y la nobleza. Para las mujeres la educación estaba prohibida. Ante esta norma, las brujas se rebelaron, juntándose en aquelarres donde compartían sus conocimientos y llevaban a cabo experimentos científicos a través de sus experiencias con la botánica, centrados principalmente en la salud del cuerpo de la mujer y en su libertad sexual y reproductiva.

En un momento donde el poder de la realeza y la Iglesia ahogaba al pueblo a base de impuestos, el poder social y vecinal que concentraban estas mujeres se tornó peligroso para esos hombres.

El acoso empezó, como hacen siempre los que están en el poder, vertiendo mentiras sobre ellas uniendo su sabiduría y cuidado de la tierra con el satanismo. Según ellos, no es que tuviesen conocimientos para trabajar la tierra es que controlaban las lluvias, por lo que si un vecino tenía mala cosecha era porque la bruja había decidido que no tuviese agua. Al tratar problemas médicos, algunas personas morían bajo sus cuidados, por lo que las acusaron de asesinato. Unieron a estos mensajes la imagen de la bruja que nos ofrece el arte, pagado por los mismos de siempre, se ofreció una horripilante visión de la mujer bruja. Crearon en el imaginario de la población un monstruo del que tener que defenderse.

La envidia, el odio y el desprestigio hacia la que destaca frente al resto, unido al miedo de los poderosos a sus conocimientos, provocó que ellos las violaran para humillarlas, las torturaran para castigarlas por haberse atrevido a ser poderosas, y las quemaran públicamente para que les quedase claro a las otras mujeres que ése era su destino si intentaban ser libres e independientes.

Todos/as hemos oído hablar de los juicios de Salem, en Massachusetts, Estados Unidos, donde en el siglo XVII asesinaron a 20 personas. Pero en Europa entre los siglos XV y XVII ejecutaron a entre 40.000 y 60.000 personas, en su mayoría mujeres y niñas, acusadas de brujería.

Fue el Malleus Malleficarum, escrito por dos monjes, la guía teórica que se utilizó para identificar a las brujas con frases como “nada hace más daño a la Iglesia Católica que las comadronas”, «la mujer está más inclinada a lo carnal que el hombre, como se puede apreciar por las tantas cosas obscenas que hay en ella” o “cuando una mujer piensa sola, tendrá diabólicos pensamientos”, que evidencian que el problema de algunos hombres hoy es el mismo que hace 500 años, el machismo y la misoginia. Evidenciando que la palabra “bruja” se sigue utilizando como control social en la persecución a la mujer inteligente.

Por supuesto, los juicios eran y son falsos, a lo largo de los países en los que se asesinó a personas por brujería sus descendientes han luchado para limpiar el nombre de su familiar. En España el caso más llamativo es el de las brujas de Zagarramurdi, donde 11 personas fueron quemadas en la hoguera acusadas falsamente de hechicería. Uno de sus inquisidores, Salazar y Frías, tras torturarlas y asesinarlas se dio cuenta de que la obsesión de la Iglesia con Satán y la ignorancia de la ciudadanía, que entró en psicosis, provocaron la muerte de personas inocentes. En su arrepentimiento hizo un informe que provocó no solo la paralización de las ejecuciones en España, sino que se castigara por ley “el cáncer de la rumorología”, sancionando a aquellos/as que denunciaban falsamente siendo considerados “alborotadores del orden social”.

La caza a las brujas, entendida como forma de castigo hacia la mujer, al/a diferente, al/a discapacitado/a, es una muestra del peligro de la ignorancia y no acabó con las ejecuciones de hace siglos, sigue hoy muy presente. En Tanzania, entre los años 1960 y 2000, fueron ejecutadas por brujería 40.000 personas; en el Congo se sigue persiguiendo a los “niños brujos” porque piensan que son los responsables de esterilidad o propagación del sida. Muchas de esas acusaciones esconden las violaciones que han sufrido y, como consecuencia, embarazos de estas menores de los que nadie quiere hacerse cargo.

También la brujería ha llegado hasta hoy a través de la religión neopagana Wicca, desarrollada en la primera mitad del SXX, pero que se popularizó en la década de los 50 tras la abolición del delito de brujería. En la actualidad se muestra un crecimiento de seguidores/as de esta religión, debido al auge del ecologismo y el feminismo. Sus partidarios/as toman como referencia a La Gran Diosa que no es otra que la Madre Tierra, rindiéndole culto a través de su cuidado, como forma de encontrarse en armonía con la naturaleza (como manifestación de lo divino), encontrando la paz mental y la satisfacción terrenal. Y siendo la única religión en la que la mujer tiene un rol predominante.

Actualmente ni la Iglesia, ni los hombres que siguen en el poder tienen autoridad moral ninguna para seguir menospreciando a las mujeres, cuando a lo largo de la historia han asesinado, en nombre de Dios y del poder, a millones de personas y, cuando el abuso de menores ha sido y sigue siendo una vergüenza. Suspenden además en su gestión, porque a todo lo anterior tenemos que sumar, que el cambio climático ha provocado 356.000 muertes solo en 2019. Y que el ritmo en los cambios necesarios está siendo vergonzoso por su lentitud, porque, de nuevo, miran por su beneficio económico y no por las vidas humanas que destruyen por el camino.

Señoras, en lo más esencial de nuestro ser, esa parte que no consiguieron quemar, somos cuidadoras de la vida, volvamos a alzar la voz, es la subsistencia de nuestros/as descendientes la que está en juego. Necesitamos una gestión con menos testosterona y más diálogo para encontrar soluciones que salven a la humanidad del desastre ecológico. Seamos herederas dignas de esas brujas y dejemos de ser espectadoras del desastre humano y ecológico que continúan perpetuando.

Para que, cuando nos insulten llamándonos brujas, podamos levantar la cabeza con orgullo, porque es sinónimo de vida, naturaleza y feminismo. Porque debemos ser partícipes del cambio de modelo que ya no solo es inevitable, sino también urgente.

¡Noticia de última hora! Según el periódico El Profeta, este fin de semana se ha producido un aquelarre en Valencia, los Dementores están que trinan.

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