El cuerpo de las mujeres en Internet: de las influencers a las femen

Por: Marilyn dos Santos (portavoz de Femen España)

Foto: Sharon López

El sentido y fin último de las mujeres es ser vistas. O al menos así funciona en el mundo occidental, donde, históricamente, las mujeres hemos carecido de identidad propia o, peor aún, hemos construido nuestra identidad en base al juicio de quienes nos miran. Y no lo digo yo, lo dejó por escrito John Berger en su ensayo Modos de ver, considerado un texto de referencia básico en la crítica de arte. Han pasado 50 años y, lamentablemente, no solo su discurso no ha perdido vigencia, sino que se está viendo reforzado por las tecnologías de la información y la comunicación. Porque, aunque poco a poco están ganando popularidad otras formas de retratar a las mujeres en la cultura visual actual, lo cierto es que el legado representacional hegemónico con el que cargamos a las espaldas es todavía muy pesado y hasta sigue encontrando espacios de reafirmación y auge en Internet, ese lugar de paredes invisibles donde las miradas que antes podían ser unas decenas ahora son infinitas. Así, en la era digital, las mujeres somos más vistas y nuestros cuerpos están más expuestos. La cuestión es: ¿todo vale?

Según los datos de la asociación de comunicación y publicidad IAB Spain, en 2021, el 85% de la población nacional utiliza redes sociales en su día a día, siendo el perfil que más uso hace de ellas el de una mujer de entre 25 y 40 años, características capaces de enmarcar en un mismo rango a aquellas con un reconocido liderazgo de opinión a base de crear contenido multimedia sobre su forma particular de vivir y a las nuevas generaciones de activistas feministas que hacen extensible su lucha al paisaje virtual. Unas y otras utilizan su propia imagen como mensaje y las redes sociales como altavoz, sin embargo, la proyección final nunca es la misma. Porque no, no todo vale en lo que se refiere al cuerpo de las mujeres en Internet, y por eso un semidesnudo es merecedor de iconos con todas las frutas imaginables si viene de una influencer, pero de censura inmediata si viene de una femen. ¿Es que acaso los pezones de las mujeres tienen una suerte de poder maligno que las nalgas no?, ¿cómo es posible que nuestro pecho pueda resultar tan molesto cuando grita y tan laureado cuando solo sugiere?, ¿quién pone los límites de la desnudez?

Fotos: Instagram @steisy_patricia (arriba) | Getty Images (abajo)

No vale elegir ser vista

Femen es un movimiento contestatario feminista nacido en el año 2008 en la ciudad de Kiev. Su puesta en escena está marcada por el toples y las coronas de flores y cintas de colores. En 2010, el grupo se politizó e internacionalizó tras la represión policial que sufrieron las activistas ucranianas, llegando a España en 2013 con una primera acción que consistió en irrumpir en el Congreso de los Diputados para protestar contra la reforma de la ley del aborto de Alberto Ruiz-Gallardón. Como siempre, las activistas de Femen España gritaron sus consignas a pecho descubierto, eligiendo cuándo y dónde serían vistos. Y esto no está bien, no según el orden patriarcal de las cosas, que deja bien claro que los cuerpos de las mujeres son objetos, no sujetos.

Para diferenciar entre una realidad y otra en Internet, basta con comprobar la homogeneidad o la diversidad de esos cuerpos. Y es que, en el caso de las influencers y al responder la suya a una identidad mediatizada, el material que publican está perfectamente determinado por las tendencias de la cultura del capitalismo tecnológico en la que las imágenes ya no nos representan a nosotras y a nuestros cuerpos, sino que son en sí mismas una realidad icónica. El resultado, perfiles en redes sociales casi clonados. Del otro lado y pese al mito generalizado de la existencia de una especie de casting para entrar en el grupo, las femen son tan heterogéneas como mujeres existen en el mundo, independientemente de su corporalidad, etnia o identidad.

Fotos: Instagram | De arriba abajo y de izquierda a derecha: @violeta_mangrinyan (2), @dulceida (3), @martalozanop (2, 4, 5, 6 y 9), @teresaandresgonzalvo (7), @mariapombo (8)

Pero, a falta de más pruebas, un buen indicativo de si el cuerpo de la mujer en Internet es objeto o sujeto viene dado por la recompensa o el castigo que sigue a su instrumentalización. De una parte, el uso de las redes sociales está relacionado con la autopromoción, de manera que el aumento de seguidoras y seguidores tiene una repercusión directa en la autoestima, además de que, gracias a las nuevas estrategias del llamado marketing de influencia, los beneficios llegan a monetizarse en algunos casos, más aún desde el surgimiento de plataformas de contenido sexual explícito que funcionan bajo suscripción con una tarifa y en las que cualquiera puede compartir sus fotografías sin censura y ganar con ello dinero. Del lado contrario, las acciones de las femen son respondidas con violencia, sanciones penales y administrativas, presión social y familiar y, por último, inestabilidad emocional que, a veces, tiene el peor de los finales.

No vale politizar ser vistas

Dando como buena la teoría de John Berger, cabe preguntarse: ¿ser vistas para qué? Mientras que las influencers exhiben su cotidianeidad cubierta de sensualidad para el deleite de quien mira desde el anonimato, las femen utilizan su cuerpo como herramienta de expresión de su voluntad para hacer de sus reivindicaciones un motivo de reflexión social. Es decir, todas buscan la provocación, pero con objetivos distintos. Esto se percibe fácilmente observando los patrones simbólicos a los que cada una recurre a la hora de mostrarse o, mejor, en si acuden o no a dos modelos básicos heredados de la tradición pictórica que ahora sobreviven en las redes sociales.

Foto: Sharon López

El primero es el de la virgen, el estereotipo de la mujer pura e inocente que, visualmente, se representa con un cuerpo sin energía. Inicialmente, este modelo conjugaba al mismo tiempo el celibato y el matrimonio, los dos estados más perfectos en los que puede encontrarse el cuerpo femenino, pero durante el último siglo, la cultura ha avanzado hacia una progresiva sexualización de este ideal, hacia la erotización de la inocencia. Como consecuencia, la industria audiovisual genera y reproduce una relación perversa entre la mujer y el tiempo: niñas que quieren parecer adultas y adultas que quieren parecer niñas. En la otra cara de la moneda, las femen se entrenan para que su imagen sea siempre enérgica, rompiendo con este estereotipo basado en la abstracción en el espacio y en el tiempo de la mujer.

El segundo es el de la muñeca, el estereotipo de la mujer dócil e inerte que, visualmente, se representa con un cuerpo disponible, despersonalizado, artificial, que funciona como adorno, en fin, una vuelta de tuerca más a la virgen, pues no hay cuerpo más dócil y sumiso que el que no tiene vida y sobre el que se puede ejercer poder de forma total. Las influencers se han sumado a esta tendencia popularizada por la publicidad y que, cada vez más, ha derivado en un nuevo estereotipo, el de la mujer consumible. En oposición, los cuerpos de las femen se demuestran siempre combativos, dándole la vuelta al sentido de su propia cosificación por medio de un modus operandi que este movimiento denomina sextremismo: en lugar de aceptar su sexualización, las femen se adueñan de su imagen politizándola al servicio de las causas feministas, y no del deseo de nadie.

Dicho lo cual y teniendo en cuenta que las femen protestan siempre vestidas de cintura para abajo, da que pensar: al final, ¿qué es lo que de verdad molesta del cuerpo de las mujeres en Internet?, ¿que luzcan semidesnudos o que luzcan libres? Abro debate.

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