“Lo pasé muy mal porque tuve que dejar a mi familia atrás, pero volvería a hacerlo”

Juana López y Gloria Rentería. Dos personas de edades, orígenes y experiencias diferentes entre sí, que se unen en uno de los elementos más asociados al ser humano desde sus orígenes, la migración. La RAE define la migración como “desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales”. Y en este último punto coinciden plenamente nuestras invitadas. Creen firmemente que nadie sale de su país por gusto, ya que detrás de cada familia migrante casi siempre hay una historia de necesidad y dificultades.

Las sociedades modernas han sido construidas en base a las fronteras y las naciones. Todos hemos nacido dentro de un pedacito de tierra que justifica su existencia en base a compartir una serie de valores y orígenes comunes, supuestamente compartidos entre todos los habitantes que viven dentro de estas líneas. Con esto, a veces puede ser difícil recordar que el principio de la humanidad moderna es fruto de una migración masiva. Una humanidad que comparte en su conjunto unos ancestros comunes, concretamente del África Subsahariana. A pesar de existir muchas teorías sobre el germen de los homo sapiens -que pueden mostrar como había especies altamente desarrolladas en diferentes partes del mundo- las muestras fósiles y de ADN concluyen que los/as primeros/as humanos/as anatómicamente modernos moraban en el continente africano, y estos comenzaron a abandonar su hábitat decenas de miles de años atrás. No se puede confirmar la razón de estas largas travesías, aunque la búsqueda de climas más fríos y entornos menos peligrosos se colocan en la parte alta de todas las apuestas.

¿Acaso hay alguna diferencia entre el homo sapiens que huía del calentamiento global y la familia siria que huye del conflicto armado? ¿Entre el español que tenía que poner rumbo al norte de Europa en la posguerra y una joven senegalesa que consigue llegar a Canarias en un cayuco? Evidentemente los flujos migratorios son uno de los grandes desafíos sociales y humanitarios del planeta, por lo que nunca hay una decisión perfecta que consiga aunar justicia social, integración y prosperidad de forma sencilla, pero si olvidamos nuestra propia historia y los valores democráticos que en principio deben primar en las sociedades desarrolladas, estaremos de nuevo tirando piedras contra nuestro propio tejado.

Fuente: El país

Y es que poner en valor al migrante no es una simple cuestión de empatía, sino de evidencia estadística. Un informe de Citigroup afirma que la economía de España, y del sur de Europa en general, habría crecido entre un 20% y un 30% menos si no hubieran existido inmigrantes entre 1990 y 2015. En el caso de Alemania, se habrían perdido 155.000 millones de beneficios. A pesar de estos significativos datos macroeconómicos, muchas personas señalan la inmigración como un factor clave en la precariedad laboral, ya que los extranjeros en principio aceptan sueldos más bajos. Esta teoría ha sido desmontada en numerosos estudios realizados en Occidente, ya que la aparición de inmigrantes dispuestos a ocuparse de los puestos de trabajos principalmente manuales y físicos, como pueden ser el de peón agrícola o de limpiadora, han provocado la mejora salarial y de condiciones de vida del resto de habitantes, que han incrementado su formación laboral y su independencia económica.

En el siglo XXI hemos sufrido varias crisis muy fuertes que han provocado luchas encarnizadas entre la clase trabajadora, que ha identificado al igual como un obstáculo. Y cuando esto sucede, los/las inmigrantes son los primeros en ser culpados. Sin embargo, cuando una persona con una necesidad económica evidente acepta un empleo mal remunerado, pocas veces se pone el foco en el que oferta unas condiciones indignas o en la débil regulación que permite este tipo de tropelías legales. Algunos/as se limitan a mencionar la famosa ley de mercado que debe regular el sistema de forma automática, sistema que acaba siempre por crear ciudadanos de primera y de segunda.

Vamos de nuevo a revisar los datos. Según un informe CIDOB de la Inmigración 2018, la diferencia de renta entre los nacionales y los extranjeros se sitúa entre un 25% y un 46%. La encuesta de condiciones de vida del INE (2018) declara que un 8,4% de los extracomunitarios no pueden permitirse una comida de carne o pescado al menos cada dos días y el 22% no pueden permitirse comprar un coche (por un 3,7% de los españoles). Tal y como afirma Newtral.es, en España el 23,4% de los españoles está en riesgo de exclusión social o de pobreza (índice AROPE) frente al 58,7% de la población extranjera de fuera de la Unión Europea. A pesar de este dato, solo el 15,17% de los usuarios de los servicios sociales fueron extranjeros (2015) y sólo el 9,7% de los beneficiarios de prestaciones por desempleo son extranjeros (2017). La marginalidad siempre genera brecha social, lo que a su vez propicia problemas legales o delitos menores relacionados con las vías de obtención de ingresos. La necesidad genera conflicto social, independientemente de tu nacionalidad.

El debate sobre la inmigración es un asunto tremendamente complicado, y cualquiera que tenga contacto con la realidad conoce varios casos de falta de integración de extranjeros que pueden generar un problema de convivencia. Sin embargo, quizá no nos paramos a pensar en como sería para nosotros dejar nuestro hogar forzados por la desgracia o las dificultades, y tener que aprender una lengua nueva, adaptarse a una cultura diferente y afrontar unos prejuicios raciales que hacen mucho daño. Juanita y Gloria también coincidían durante su charla en que “el que no ha tenido que emigrar, nunca puede llegar a comprender del todo lo que significa”. En unos tiempos en los que las ideas xenófobas crecen de la mano de populismos reaccionarios (especialmente en La Sagra), estaría bien tomarse un tiempo para reflexionar por uno mismo abriendo un poco el mapa de las ideas, pensar en grande y comprobar si las conclusiones más fáciles son en realidad las más certeras.

“Yo no soy de aquí
Pero tú tampoco
De ningún lado del todo
De todos lados un poco”

Jorge Drexler-Movimiento

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