¿Qué tienes en común con Emma -Watson? Síndrome de la impostora: cuando sientes que no eres suficiente

¿Suficiente para qué o para quién? Suficiente en tu trabajo, en tus estudios, en tu vida de pareja, como madre, como hija, como amiga… Tener éxito, sobre todo asociado a la vida laboral, a veces es menos complicado que ser consciente de que ese éxito es debido a tu propio esfuerzo y de que tú te mereces ese lugar más que nadie. Sentirte un fraude, creer que no eres competente para desempeñar ciertas actividades, a pesar de que las ejerces diariamente, es un fenómeno conocido como “síndrome del impostor”. Este término fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes y, aunque no se haya reconocido como enfermedad mental, son numerosos los estudios realizados al respecto.

Comúnmente ocurre entre mujeres que han desarrollado sus carreras, pero que creen que han alcanzado esa posición por suerte o por el destino. Nos hacen creer que no somos merecedoras de admiración o respeto. Todo ello proviene de la autoexigencia que nos imponemos a nosotras mismas, porque tenemos que ser la mejor madre, la mejor hija, la mejor trabajadora, etc… En definitiva, la mejor en todo. Esta búsqueda hace que nos sintamos insatisfechas todo el tiempo, porque, claro está, nunca alcanzaremos el nivel que nos marcamos, por lo que sentiremos desazón y rechazo hacia los logros que hayamos conseguido y hacia nuestras capacidades reales. Es por ello que tenderemos a construir una autoestima deficiente que nos pondrá en una situación de impotencia y ansiedad.

Esta situación proviene de la asignación de roles de género y niveles sociales que entendemos como minoritarios y que, por lo que nos han inculcado desde pequeñas, no son susceptibles de hacernos llegar a puestos de altos cargos porque tradicionalmente nuestro lugar ha estado “de puertas para adentro”. Es por eso que los valores asociados a lo femenino no se encuentran en alta estima para alcanzar poder, pero la violencia y otras actitudes relacionas con el rol masculino, sí. Las mujeres, por lo tanto, tendemos a creer menos en nosotras mismas porque el imaginario colectivo siempre ha sostenido esa idea en la que se nos han asignado conceptos como casa o familia, y se nos han negado otros como ciencia, poder o grandes decisiones, entre otros. Poco a poco parece que esta realidad cambia, aunque queda un largo camino. Pero no sólo mujeres como Kate Winslet o Emma Watson lo sufren, también hombres, como Martin Scorsese han declarado encontrarse usualmente en esta situación.

Para que este síndrome no se apodere de nuestra vida será necesario cuidarnos y mimarnos, poniendo en situación nuestro malestar y mirándolo desde fuera. Tendremos que marcarnos objetivos reales, por ejemplo, conseguir “x” ventas al día, y recompensarnos si alcanzamos la meta. También será útil felicitarnos y hablarnos a nosotras mismas con palabras amables. Esto no nos convierte en personas soberbias, sino que nos ayudará a deshacernos de los pensamientos negativos.

Imagina qué habría sucedido si personas como Marie Curie hubieran renunciado a su carrera porque sentían que estaban en una posición que no merecían. Quizá tú seas quien descubra una vacuna, quien interprete a un personaje que haga historia o quien componga la canción que haga sentir maravillosa a la gente. Quizá tú eres esa persona y ahora mismo estás muriendo de miedo y fustigándote porque crees que no eres suficiente para tu puesto. ¡Lo que el mundo se estaría perdiendo!

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