“Por primera vez en mi vida iba a trabajar con el miedo de infectarme y enfermar”

Gabriel Martínez y Laura Martínez, además de padre e hija, son médico y enfermera. El padre de Gabriel (y abuelo de Laura) también ejercía la profesión, y nuestros protagonistas creen que ver en casa el desarrollo de las labores de cuidados remueve un poco ese espíritu por formarse en una disciplina que ayuda a la gente, además de ser más fácil seguir una senda marcada. Sea como sea se convirtieron en profesionales sanitarios, gremio que se ha situado en el foco mediático tras la alta presión hospitalaria derivada de la transmisión del COVID-19. Gabriel y Laura nos muestran en esta entrevista realizada de manera telefónica cómo es ser sanitario en tiempos de pandemia.

Laura tiene 31 años y es enfermera diplomada, trabaja en el Hospital Universitario Fundación de Alcorcón desde agosto.

Gabriel tiene 66 años y es médico internista en el Hospital Universitario de Móstoles desde hace 27 años.

¿Cuándo empezasteis a interesaros por la medicina y qué os motivó a convertiros en profesionales sanitarios?

Laura: Mi madre era enfermera y mi padre médico, y me interesaba el cuidado de la gente. Quería hacer en principio Medicina pero finalmente me decidí por Enfermería para estar más en contacto con las personas. La Medicina está más centrada en la enfermedad en sí, y lo que a mí me llamó la atención es la acción directa que te da la Enfermería. Sin embargo esta atención personalizada se está perdiendo un poco por los contratos que tenemos, un día estás en una planta y otro día en otro, y así no hay continuidad de cuidados. Hace poco me he incorporado a un centro de salud y allí sí que los pacientes saben el nombre de los profesionales. Echaba de menos esa relación paciente-médico más personal.

Gabriel, empezaste la carrera hace cinco décadas. ¿Cómo has vivido la evolución de la medicina en estos años?, ¿qué ha cambiado?

Gabriel: La idea de la Sanidad como un elemento universal se ha desarrollado bastante. También el papel del médico ha cambiado, antes intervenía mucho en la vida de los pacientes y se creaba una relación más íntima, ahora somos técnicos que controlan un aspecto más concreto y especializado de la sanidad, y adecuamos la tecnología a la salud de los pacientes. Se ha perdido un poco el factor humano pero también la sociedad ha cambiado mucho. La gente quiere soluciones más rápidas y efectivas, te exigen resultados inmediatos al igual que tú exiges que te sirvan en pocos minutos la comida cuando vas a un restaurante.

¿Cómo fue incorporarse al mercado de trabajo recién obtenido el diploma y cómo eran las condiciones de trabajo?

Gabriel: Cuando yo obtuve el diploma hubo un “boom” de estudiantes de Medicina, los propios profesores te decían que ibas a ir al paro. Sin embargo también hubo mucho oferta y casi todo el mundo pudo colocarse en algún puesto, pero con un grado bastante alto de contratos precarios. Aún así estos contratos no se extendían por todas las empresas o instituciones, infelizmente ahora se ofertan desde la propia administración pública y por supuesto desde las empresas de sanidad privada, que aprovechan la situación para ofrecer trabajos mal pagados.

Laura: Yo me gradué en 2010, con una grave crisis económica de por medio. Cuando acabé la carrera iba de hospital en hospital y nadie me contrataba. Aguanté un año en España empalmando contratos temporales cubriendo bajas de vacaciones, y después me fuí al extranjero. Volví hace cuatro años y bueno ahora sí que hay trabajo, pero las condiciones laborales siguen siendo igual de malas. Te llaman de un día para otro, si rechazas un curro te penalizan en la bolsa de trabajo. Ahora estoy cubriendo una baja en el hospital y en el centro de salud tengo un contrato COVID, que no tiene una fecha fin definida, no sabes cuando se te puede acabar.

Un médico español cobra 40.000 euros menos que el francés y 70.000 menos que el alemán, y esta diferencia continúa proporcionalmente si nos vamos a Enfermería o Atención Primaria. ¿Es compatible esto con el mensaje de que la sanidad española es de las mejores del mundo?

Laura: A mí me gusta mucho la sanidad española comparada con otros países, el problema es que tira mucho de sus trabajadores. No sé exactamente los criterios por los que miden la calidad de la sanidad, no puede ser solo por la cantidad de altas o de curas porque hay muchos más factores. En España por ejemplo no existe el ratio de pacientes y eso hace que tenga cerca de 15 pacientes. En Inglaterra este criterio sí existe y tenía 7 pacientes, esto afecta mucho a la atención que puedes ofrecer. En el Hospital entro a una habitación, saludo, pongo la medicación y voy a ver al próximo paciente. Y quizá al día siguiente me trasladan a una planta que no conozco.

¿Creéis que los/as profesionales sanitarios/as vais a conseguir mejorar vuestras condiciones laborales tras esta epidemia?

Gabriel: Yo creo que no. Siempre ha existido una necesidad de mejora que nunca llega. Vivimos en un sistema laboral de bajo coste, en Salud o en cualquier otro trabajo. Se piden resultados por el menor precio posible, y esto significa peor calidad de servicio y peores condiciones de trabajo.

Laura: Yo creo que tampoco. No se ha hecho ningún cambio a nivel legal para mejorar la situación, no se van a reforzar las plantillas ni alargar el tiempo de los contratos, por lo que la estabilidad laboral no se va a conseguir. Hemos aprovechado el foco para volver a reclamar las necesidades que tenemos los sanitarios, pero no hay voluntad para que nuestra situación cambie.

¿Cómo fue psicológicamente afrontar el reto de la pandemia?

Laura: Yo tuve bastante suerte porque cuando entré en el hospital ya estaba todo más relajado. Pero yo estaba muy angustiada en los picos de la epidemia porque si me llamaban para trabajar tenía que entrar a un servicio nuevo y con una patología nueva, sumándole la situación de falta de medidas de protección para los sanitarios o la gran cantidad de contagios de pacientes y profesionales. Daba miedo cuando te enterabas de casos de compañeros de profesión que llegaban a morir, pero yo sobre todo temía transmitir una enfermedad a mis seres queridos sin ser consciente de ello. Cuando llegaba a casa me duchaba, lavaba todo con lejía… iba del trabajo a casa y no veía a nadie. Esta paranoia por ser cuidadosos ha disminuido mucho ahora, pero no sé si eso llega a ser bueno o malo.

El Ministro de Sanidad ha afirmado que a principios de verano más de un 70 % de la población española estará vacunado del COVID-19. ¿Cómo estáis viviendo estas noticias? ¿Creéis que toda esta fe situada en las vacunas es suficiente para doblegar la presión hospitalaria?

Gabriel: Las medidas fundamentales para la prevención del virus van a tener que mantenerse preventivamente y muchas de ellas se integrarán en nuestros hábitos diarios, y creo que es una buena noticia ya que hay muchas enfermedades transmisibles de las que nos tenemos que cuidar. Con la vacuna claro que tengo esperanza. La historia de las vacunas ha sido positiva para enfermedades terribles para la población como la polio o el sarampión, consiguiendo que prácticamente desaparezcan de nuestro día a día. La enfermedad no se va a quitar como una pesadilla de varios meses como muchos exigen, la vacunación necesita unos plazos para hacerse notar.

Los países más desarrollados económicamente se han asegurado dosis tres veces superiores en número a la de su propia población, mientras los países con menos recursos prevén una vacunación de menos del 10% de su población por el momento.

Laura: Yo estuve trabajando en África y la gente allí sufre enfermedades erradicadas en Occidente, los niños mueren por sarampión por falta de vacunas. Esta desigualdad siempre está presente, y no me sorprende que los países ricos acaparen todas las vacunas, una estrategia que me parece poco inteligente ya que una pandemia como esta afecta a toda la población mundial y no sirve proteger exclusivamente a una parte de la población mientras la enfermedad persista en cualquier parte del mundo, pudiendo mutar o reinfectar de nuevo a la población.

Una gran parte de la población tiene recelo de la campaña de vacunación. ¿Una vacuna aprobada por las instituciones sanitarias es segura?

Gabriel: Segura al 100% no hay ninguna vacuna. Al fin y al cabo consiste en meter sustancias antigénicas en el cuerpo de personas que pueden desarrollar problemas como alergias, ya sea por los excipientes o por la propia composición de la vacuna. Con todo tipo de vacunas puede suceder algún problema ya que estás introduciendo un elemento que no es natural al organismo, pero lo que se consigue es generar respuestas inmunológicas frente a enfermedades muy perniciosas para el organismo. Estamos en una situación excepcional y va a ser necesario administrar vacunas que han sido testadas en mucho menos tiempo que en un contexto normal. Las dudas se irán disipando cuando la gente se vaya vacunando y se aprecie que no pasa nada.

¿Cómo vais a vivir personalmente esta Navidad? ¿Visitaréis a familiares o amigos/as?

Gabriel: Cualquier persona con cierta lógica sabe que hay que estar lo menos expuesto posible. Si vas a un museo con tu mascarilla sin interactuar con la gente el riesgo es muy bajo, pero si te reúnes en casa con cierto número de personas las medidas se irán relajando. En mi caso me reuniré solo con los habituales y desde luego más protegidos que en condiciones normales.

Laura: Si todos los días intento no salir de mi círculo no voy a cambiarlo porque sea Navidad, la celebraré en casa con los de siempre. Hay que confiar en la gente pero nunca puede uno saber cómo va a responder la sociedad. Se está vendiendo una imagen de seguridad que no es real y esto puede influir a que después de Navidad suban los casos, pero bueno, espero que con la vacuna a la vuelta de la esquina la población tenga una esperanza a la que agarrarse y aguante un poco más de tiempo.

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