Médulas de Arena, el reportaje que lleva a un yunclillero hasta África

Imagina que alguien realiza un gran esfuerzo para intentar salvarte la vida. Eso es precisamente lo que han hecho tres jóvenes castellano-manchegos/as que han llevado a cabo un reto deportivo por el norte de África para conseguir donaciones de médula ósea.

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     Hugo Lafuente (Guadalajara), Maigualida Ojeda (Toledo) y Samuel Rodríguez (Yunclillos) han sido los/as tres aventureros/as que han protagonizado “Médulas de Arena“. Los/as dos primeros/as son entrenadores/as personales y atletas ultradistancia, y el tercero, piloto profesional de drones, fotógrafo y filmmaker. Este equipo ha recorrido 240 kilómetros atravesando el desierto y ha subido hasta la cumbre más alta del norte de África, el Jebel Toubkal (4167 metros). Llevaron hasta allí las banderas con los nombres de todas las personas que se inscribieron en el banco de donantes durante el recorrido en el desierto. Gracias al papel de nuestro vecino sagreño, Samuel Rodríguez, se pudo seguir el reto diariamente a través de redes sociales y se puede seguir difundiendo el lema de esta campaña solidaria Un kilómetro, una médula, una vida#1kilometro1medula1vida.

    Hemos podido conocer un poco más a Samuel Rodríguez, un chico “bastante inquieto, sin miedo a afrontar grandes retos y a aprender profesionalmente mucho más”. Además de no ser un deportista profesional, sufrió un accidente dos meses antes de comenzar este proyecto, lo que le provocó muchos dolores de espalda. De hecho, completó el proceso gracias a “Hugo y a los otros dos chicos marroquíes que me ayudaron a portear la mochila a ratos, sino no habría sido capaz de llegar al refugio”.

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    Nos confiesa que “nunca me había enfrentado a un proyecto de estas dimensiones, ni en estas condiciones (arena, calor, frío, montaña)”. Lo que describe irónicamente como uno de los “mejores escenarios para realizar un proyecto audiovisual“. Tal fue así, que en el ascenso tuvieron que grabar con los móviles que se mantenían por el calor corporal, ya que las dos cámaras que llevaba para documentar la subida al segundo pico más alto de África, una GoPro y una Canon, se congelaron por el camino. A ello, se une el trabajo durante las horas de descanso, ya que después de cenar le quedaba “hacer copias de seguridad de todo lo grabado en el día, editar alguna foto para subir a las redes sociales y editar un pequeño vídeo y una nota de prensa para enviar a RTVE para que fueran haciendo el seguimiento”. Pero afirma que “a pesar de estos problemas físicos y de la falta de muchísimas horas de sueño que venía arrastrando día tras día, mereció la pena. Y mucho“.

    Este yunclillero de 24 años es un apasionado de los drones y la creación audiovisual, de hecho ya tiene su propia empresa, DR1 Producciones. Agradece a la zona de La Sagra haber tenido el espacio para profesionalizar sus hobbies. Pero esa inquietud por soñar es lo que le permite llevar a cabo una infinidad de proyectos solidarios, como los 117 kilómetos en MTB por el desierto de los Monegros junto a la Asociación de Cáncer de Mama Metastásico, Alpinistas con Cáncer, Asociación Más Que Ideas y VivircorRiendo, junto a Paula Fernández-Ochoa (la hija del esquiador Paquito) y a Luis Pasamontes (exciclista del Movistar Team), entre otros.

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