La fábula de la indiferencia

Hoy iba en el metro, pensando en mis cosas cuando me interrumpió un señor pidiéndome dinero. “Seguro que se lo gasta en vino y drogas”, pensé. Además, ni que a mí me regalaran el dinero. Todos los días lo mismo. Me puse mis cascos y miré hacia otro lado, total, a mí qué más me da. Para distraer la mente pensé en qué ponerme esa noche cuando saliese con mis amigas.

    Cuando llegué a casa, me senté a comer y sonaba de fondo el telediario. Corrupción, asesinatos, violaciones… Cambié de canal y busqué una sitcom que me distrajese un poco, ya tengo bastante con mis problemas. Total, que más me da a mí que hayan bombardeado Alepo, si no sé ni dónde está. Además, ¿qué podría yo hacer desde aquí? Ya le doy me gusta a todos los vídeos de los niños/as sirios/as que reclaman paz, incluso firmé una petición de change.org.

    Me arreglé para salir, música de fiesta para ir entrando en ambiente. Sonó reggaeton y canté emocionada la letra de las canciones que me hacen bailar en la discoteca. Cuando me pongo a pensar en lo que dicen, me ofende, pero me gusta el ritmo. Además, nos las meten tanto por los oídos que es imposible no sabérselas. Qué más da si canto o bailo estas canciones, total, las van a seguir poniendo y a todo el mundo le gustan. No hay que pensar tanto, es para pasárselo bien.

    Por fin estaba donde quería estar, con mis amigas bailando en la discoteca. Me ofrecieron un poco de cristal, yo no quiero, nunca me gustaron esas cosas, pero ellas que hagan lo que quieran, a mí que más me da. No pude evitar pensar en el señor que vi esa mañana, seguramente pasó por esa fase. Pero bueno, mis amigas no son unas yonkies, saben controlarse. Como me había bebido dos cervezas ya hablaba con todo el mundo. Fui al baño a acompañar a mi amiga y mientras la esperaba empecé a hablar con una chica que estaba bastante ebria. Era muy simpática y con la alegría del momento se vino a bailar con nosotras. En un momento desapareció y la vimos salir con un chico mientras caminaba haciendo eses. Nos reímos y comentamos: “verás cuando se despierte mañana”. Me pasó por la cabeza ir a preguntarle si se iba finalmente o volvería, ver si estaba bien, pero total a mí qué más me da, la acababa de conocer en el baño.

    Me levanté por la mañana, había perdido la cartera con todos mis documentos y mis tarjetas. No sabía qué hacer, fui a la discoteca y allí no estaba. Escribí una publicación en Facebook, estando en el pueblo alguien que me conozca tuvo que encontrarla. No llevaba mucho dinero y no me importa si se lo quedan, pero necesito los documentos. Mucha gente comenta y comparte, pero mi cartera sigue sin aparecer. Normal, qué le importa a quien la encontró si yo necesito los documentos, ¿no?

    Fui a la policía a denunciar la pérdida de los documentos y les di todos los datos sobre la situación, me dijeron que renunciase a encontrarla porque no iba a aparecer, que pidiese cita para hacer otro DNI. No se iban a molestar en buscarla a pesar de que vivimos en un pueblo pequeño y no ha podido ir muy lejos, pero total, ¿a ellos qué más les da?

    Al salir, encontré a la chica del baño, no recordaba su nombre, pero la veo llorando. Le pregunté qué le pasó y me dio la respuesta que no quería oír.

    Cuando llego a casa pienso, ¿Qué pasaría si no nos diera todo igual?

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