El mural “Antes todo esto era campo”, situado en la autovía de entrada a Villaluenga de la Sagra, fue mentorizado por la artista Katherin González Crispino.
La pieza dialoga con una cuestión central para el territorio: la gestión del agua en una zona altamente vulnerable a la sequía. A partir de una frase sencilla y reconocible —“Antes todo esto era campo”—, el mural abre una reflexión sobre progreso, memoria, transformación del paisaje y modelos de desarrollo.
La obra pregunta qué se pierde cuando un territorio cambia, qué entendemos por progreso y a qué le quitamos espacio cuando otra cosa ocupa su lugar. También conecta con debates actuales sobre el uso del agua, el crecimiento industrial y la instalación de nuevas infraestructuras productivas en zonas donde el equilibrio ambiental es cada vez más frágil.
Statement del mural
«¿Puede ser el progreso dos ideas contrarias?
Dependiendo de quién lo mire y desde dónde, el progreso puede ser algo radicalmente distinto. Muchas veces, los argumentos se defienden desde un enfoque económico o cultural sin importar otros aspectos y, en muchas otras ocasiones, ninguno de estos aspectos es determinante. Pero todo está en función de para qué se utiliza cada enfoque…
La pregunta es ¿hay factores que sean más indispensables que otros? ¿Hay enfoques más o menos válidos?
¿Y la ética?
La respuesta a todo esto, como cualquier otra, está determinada por quien hable. Yo digo: sí.

Sí, porque aunque cada enfoque potencie o se centre en un resultado específico (y deseable desde esa perspectiva), siempre hay algo mucho más importante que lo que parece importante en nuestro día a día, y no es el factor humano, ni siquiera el ambiental: se trata de la existencia y lo que la hace posible.
Hace falta ir a la esencia de todo para comprender que sin una pieza indispensable caen todas las otras, sin un planeta Tierra no hay espacio para la humanidad; sin humanidad (realmente humana), la
vida y la existencia dejan de ser posibles en términos de dignidad. Así vamos de lo macro a lo micro. De lo complejo a lo simple.
Este mural es simple: unas letras blancas rodeadas de amapolas, las flores que un día hicieron del espacio en el que están pintadas su hogar. Y esas palabras, que por su tamaño se leen desde el espacio, porque hace falta dar un salto muy grande para sobrevolar criterios para medir el progreso y aterrizar en la existencia, dicen:
«Antes todo esto era campo», porque lo era.
Una verdad que en algunas personas suscita nostalgia, en otras indignación y en otras alivio, porque todas consideramos esa experiencia desde enfoques diferentes.
En ese campo pintado, también hay una flor distinta a las demás; sus pétalos se convierten en tentáculos que terminan siendo cables conectados a una lámpara al lado del texto, una lámpara real,
porque lo que antes era un ecosistema íntegro, hogar de muchas especies y naturaleza refrescante, ahora es una pieza de concreto que separa dos carreteras —lo que consideramos progreso—.
Otro cambio se avecina, además, en las cercanías de Villaluenga, la apertura de un centro de datos, un lugar que requerirá cantidades industriales de agua para su funcionamiento, otro campo que dejará de tener flores, esta vez para poblarse de máquinas en bloques, ya no una pared de concreto.
La pregunta no es ¿quién necesita más el agua?, porque quizá la respuesta es muy obvia, sino ¿a qué le estamos quitando espacio para que otra cosa ocupe su lugar?, ¿hasta qué punto lo artificial reemplazará lo real y esencial?
Antes todo esto era campo, ahora es recuerdo.
Antes todo esto era campo, ahora es una foto almacenada en un servidor.«


Statement de la artista Katherin González Crispino
«Solo buscan aquellos que están perdidos.
¿O busca quien se perdió, se encontró y se aburrió de lo encontrado? ¿O quien huye de una
vida devastadora, o quien tiene hambre del mundo, quien necesita la fantasía y el juego…
¿Quien no tiene una razón de ser?
Buscador es quien busca, y los motivos para buscar pueden ser infinitos, y lo que se busca
puede ser cualquier cosa: sosiego, magia, emoción, escapatoria, sentido.
No puedo llamarme artista poque nunca he podido dominar ninguna técnica satisfactoriamente
— siempre estoy a medio camino—, pero en mi alma hay una profunda necesidad de encontrar
significados y de traducir la realidad a mis propios símbolos para después compartirlos con
aquellas personas que, como yo, esperan encontrar que la vida sea algo más que transacciones
infinitas de tiempo y espíritu por recursos materiales que condidiconan completamente la
experiencia terrenal.
Algo más que un ciclo abrumador de despedidas y reencuentros.
Algo más que acostumbrarse a sufrir y tener que endurecerse para hacerse más fuerte y seguir
funcionando como un engranaje en un mundo que nos quiere despojadas de nuestra humanidad.
Porque debe de haber algo más, ¿no?»
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